domingo, 19 de junio de 2016

¡Hoy es el día del Padre!

¿Quién es el amigo de mi Madre? ¡Padre!
¿Quién es el que trae la miel a casa? ¡Padre!
¿Quién es el que evita que nos maten los cazadores del lugar?

Así decía una canción que salía en los osos montañeses, en una época en que, al menos aquí en México, no se celebraba el día del padre. Y no es que no hubiera, sí estaba instituido, pero simplemente no se celebraba. Uno de los factores que influían es que, para el tercer domingo de junio, ya estábamos de vacaciones, así que las escuelas ni se molestaban siquiera en mandar una pequeña felicitación.

Pero lo que más motivaba a esta no celebración, era la idea del padre en aquella época. El padre era un ente, cuyo propósito en la familia era ser proveedor. Mientras nada económico les faltara a los hijos se le consideraba un buen padre. Era alguien lejano al cual convenía no molestar cuando llegaba tarde del trabajo, porque seguramente venía de malas. Y las mamás tenían mucho que ver con esta imagen. “Ya verás cuando llegue tu padre” les decían a los chamacos que se habían portado mal durante el día. Ellos, de sólo pensarlo, temían la llegada de este “monstruo” que sólo sabía castigar. Y el hombre, estoico al fin, y temeroso de mostrar sus sentimientos, reafirmaba lo dicho por la madre y lo sentido por los hijos.

No es por causar envidia, pero yo no viví eso. En parte porque mi madre murió cuando yo era muy chico y en gran parte porque mi papá era un tipazo; estaba adelantado a su época. Siempre fue un padre amoroso que tuvo que sacar a sus hijos cuando enviudó. Y sí, aunque teníamos personas que nos cuidaban y aunque volvió a casarse, nunca nos descuidó como hijos, partiéndose entre dos trabajos y nosotros. Era un hombre al que no le daba miedo demostrar sus sentimientos, abrazarnos y besarnos, tanto en privado como en público.

Y puede ser que esta actitud, que en sus tiempos era revolucionaria, ahora nos parezca más común. Ya no es raro ver papás cambiando pañales, participando de la crianza de sus hijos y acompañándolos en su crecimiento. Es cierto que aún no son mayoría. Todavía nos encontramos con el papá alejado sentimentalmente de sus hijos, temeroso de ser voluble si muestra sus sentimientos, ignorando lo fuerte que podría hacerse si abrazara a sus hijos y les dijera “te quiero”. Los hijos crecen y el tiempo pasa. No tendrás otra oportunidad de cambiarle los pañales, de enseñarle a caminar, a andar en bici o a ser una persona de bien. ¿vale la pena perderse todo esto por el miedo? Algunos padres, y aquí también incluyo a las mamás, creen que si se muestran vulnerables la imagen que tienen ante sus hijos decaerá…y al contrario, un padre, una madre, que se acepta que a veces puede ser vulnerable, que sabe que comete errores y asume las consecuencias crece al nivel de superhéroe ante los ojos de sus hijos.

Me gusta esta nueva paternidad. Yo personalmente la he gozado bastante. Quizás no sea el mejor proveedor, quizás no sea el esposo ideal, pero me siento muy bien con mi papel de papá. Seguramente no seré el mejor, pero en el top ten, me cae que sí. Espero ser un buen ejemplo para mi hija y poder guiarla para que sea feliz.


Felicidades a todos los que tenemos la dicha de ser padres y que ejercemos el oficio con alegría y calidez.

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